Según el estudio realizado por Nick Wolfinger, sociólogo de la Universidad de Utah, las personas deberían casarse entre los 28 y los 32 años. ¿Por qué? Esta sería la mejor edad si quieres disminuir las posibilidades de divorciarte durante los primeros 5 años de matrimonio.El sociólogo sostiene que las posibilidades de divorcio declinan de acuerdo a la edad de los contrayentes. Cuanto más grande eres, tendrás menos posibilidades de divorciarte. Aunque según Wolfinger, al casarse luego de los 32 años, la posibilidad de una separación se incrementa un 5%.
Para hacer esta afirmación, el sociólogo analizó la información de 2006-2010 y 2011-2013 de la Encuesta Nacional de Crecimiento Familiar en Estados Unidos.
Para un matrimonio exitoso, es imperativo contar con un fuerte cimiento, y éste debe establecerse aún antes de comenzar a tener citas o cortejar al compañero en potencia para toda la vida. Nuestro caminar cristiano debe incluir mucho más que sólo asistir a la iglesia los domingos y asistir a un estudio bíblico. Debemos tener una relación personal con Dios que se da sólo a través de la confianza y la obediencia a Jesucristo. Debemos educarnos a nosotros mismos acerca del matrimonio, buscando la visión de Dios para él, antes de lanzarnos. Una persona debe saber lo que dice la Biblia acerca del amor, el compromiso, las relaciones sexuales, el papel del esposo y la esposa, y las expectativas de Dios para nosotros antes de comprometernos para el matrimonio. También es importante tener al menos a una buena pareja de cristianos casados como modelo. Ellos pueden responder a nuestras preguntas acerca de factores que conducen a un matrimonio exitoso, la manera de crear la intimidad (más allá del aspecto físico), de qué manera es su fe algo invaluable en sus vidas, etc.
Una pareja en prospecto de matrimonio, también necesita asegurarse de conocerse bien uno al otro. Deben conocer las opiniones del otro sobre el matrimonio, finanzas, suegros, crianza de los niños, disciplina, deberes del esposo y la esposa, si alguno de los dos, o ambos estarán trabajando fuera de casa, y deben conocer el nivel de madurez espiritual de la otra persona. Mucha gente se casa confiando en la palabra de la pareja en que son cristianos, sólo para descubrir más tarde que solo era de palabra. Toda pareja que esté considerando casarse, debe pasar por consejería con un consejero matrimonial cristiano o su pastor. De hecho, muchos pastores no celebran bodas, a menos que se hayan reunido varias veces con la pareja en sesiones de consejería.
Un requisito indispensable para el matrimonio es la Madurez. Dejar padre y madre es una referencia a independencia emocional y económica. El matrimonio no sólo es un compromiso, sino un pacto con Dios. Es la promesa de permanecer con la otra persona por el resto de tu vida, sin importar si tu pareja es rica, pobre, sana, enferma, con sobrepeso, delgada, o aburrida. Un matrimonio cristiano debe permanecer a través de las circunstancias, incluyendo peleas, enojo, devastación, desastre, depresión, amargura, adicción y soledad. El matrimonio jamás debe iniciarse con la idea del divorcio como una opción – ni siquiera como el último hilo cuando una pareja siente que está al final de su cuerda. La Biblia nos dice que a través de Dios, todas las cosas son posibles (Lucas 18:27), y esto ciertamente incluye el matrimonio. Si una pareja toma la decisión desde el principio de permanecer comprometidos y ponen a Dios en primer lugar, el divorcio no será la solución inevitable para una situación miserable.
Es importante recordar que Dios quiere darnos los deseos de nuestro corazón, pero eso sólo es posible si nuestros deseos concuerdan con los Suyos. Él tiene un plan para cada uno de nosotros, y puede o no incluir el matrimonio. Casarse y comenzar una familia es con frecuencia el siguiente paso que toma una persona después de tener una carrera o un trabajo. Pero Pablo dice en 1 Corintios 7:7,”Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.” Esto puede no ser evidente para la persona en principio. Ellos sólo lo descubren después de años de buscar y no encontrar a la pareja adecuada para casarse.
La gente generalmente se casa sólo porque “se siente bien.” Durante las primeras citas, y aún en el matrimonio, ves venir a la otra persona, y sientes mariposas en el estómago. El romance está en su apogeo, y conoces la sensación de estar “enamorado.” Muchos esperan que esta sensación permanezca para siempre. Desafortunadamente, no es así. El resultado puede ser decepcionante y aún llevar al divorcio al desvanecerse esos sentimientos, pero aquellos que tienen matrimonios exitosos, saben que la excitación de estar con la otra persona no tiene un fin. A cambio, las mariposas ceden el paso a un amor más profundo, un compromiso más fuerte, un cimiento más sólido, y una seguridad inquebrantable.
La Biblia es clara en que la definición del amor no se basa en los sentimientos; esto es evidente cuando se nos dice que amemos a nuestros enemigos (Lucas 6:35). Es posible sólo cuando permitimos que el Espíritu Santo trabaje a través de nosotros, cultivando el fruto de nuestra salvación (Gálatas 5:22-23). Es una decisión que hacemos sobre la base diaria de morir a nosotros mismos y a nuestro egoísmo, y dejar que Dios brille a través de nosotros. Primera de Corintios 13:4-7 nos dice cómo amar a otros: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Es importante recordar que Dios quiere darnos los deseos de nuestro corazón, pero eso sólo es posible si nuestros deseos concuerdan con los Suyos. Él tiene un plan para cada uno de nosotros, y puede o no incluir el matrimonio. Casarse y comenzar una familia es con frecuencia el siguiente paso que toma una persona después de tener una carrera o un trabajo. Pero Pablo dice en 1 Corintios 7:7,”Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.” Esto puede no ser evidente para la persona en principio. Ellos sólo lo descubren después de años de buscar y no encontrar a la pareja adecuada para casarse.
La gente generalmente se casa sólo porque “se siente bien.” Durante las primeras citas, y aún en el matrimonio, ves venir a la otra persona, y sientes mariposas en el estómago. El romance está en su apogeo, y conoces la sensación de estar “enamorado.” Muchos esperan que esta sensación permanezca para siempre. Desafortunadamente, no es así. El resultado puede ser decepcionante y aún llevar al divorcio al desvanecerse esos sentimientos, pero aquellos que tienen matrimonios exitosos, saben que la excitación de estar con la otra persona no tiene un fin. A cambio, las mariposas ceden el paso a un amor más profundo, un compromiso más fuerte, un cimiento más sólido, y una seguridad inquebrantable.
La Biblia es clara en que la definición del amor no se basa en los sentimientos; esto es evidente cuando se nos dice que amemos a nuestros enemigos (Lucas 6:35). Es posible sólo cuando permitimos que el Espíritu Santo trabaje a través de nosotros, cultivando el fruto de nuestra salvación (Gálatas 5:22-23). Es una decisión que hacemos sobre la base diaria de morir a nosotros mismos y a nuestro egoísmo, y dejar que Dios brille a través de nosotros. Primera de Corintios 13:4-7 nos dice cómo amar a otros: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
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